#Día 6 Como en Casa

Sale el sol en Bojador y comienza nuestro sexto día en el desierto. Después del intenso día de ayer y de esa visita al muro, teníamos por delante una jornada de reflexión y de ampliar nuestro conocimiento de la cultura saharaui.

Después de un breve desayuno, nos montamos en los 4×4 rumbo a Rabuni para mantener un encuentro con los directores y responsables de la Radio Nacional Saharaui. Dentro del Archivo del RASD, tuvimos una breve charla sobre los talleres que se habían realizado sacando los puntos claves y las conclusiones de los mismos. Un encuentro marcado por las recomendaciones y por los caminos que se abrían. Tanto los miembros de Un Miro Para el Sahara como los profesionales de la comunicación saharaui acordaron no perder el contacto y continuar con este proyecto que enriquece a ambas partes. El encuentro se clausuró con una pequeña ceremonia en la que recibimos un pequeño obsequio: una foto enmarcada de nuestra primera visita a las instalaciones de la radio y la televisión saharaui.

Nuestra familia en El Aaiún

Acto seguido, nos dirigimos a El Aaiún, uno de los primeros campamentos de refugiados saharauis en Tinduf debido a que está sobre una bolsa de agua. Una zona en la que cabando dos metros escasos, te asegura el suministro para casi todo el año. Sin embargo, el suministro eléctrico no está asegurado y pocas jaimas tienen luz gracias a paneles solares o baterías de coches.

Todo eso quedaba relegado a un segundo plano, ya que la visita a este campamento estaba justificada con conocer a la familia de nuestra compañera, Ebbaba Hameida. Fuimos recibidos en la casa de su tía donde nos presentamos e intercambiamos unos breves saludos antes de sentarnos alrededor de un banquete. Un banquete que estaba muy por encima de sus posibilidades, lo que recuerda que este pueblo es capaz de endeudarse antes que faltar a la hospitalidad y al respeto del invitado. Brochetas de camello con una ensalada ligera, una tortilla de patata… Y arroz con verduras y pescado fresco. Sí, pescado fresco en mitad del desierto traído desde la costa de Argel a casi 2.000 km de donde nos encontrábamos. Un manjar que no se come todos los días y que nos obligó a valorar y saborear cada uno de los bocados.

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Unos ojos que traspasan fronteras

Uno de los momentos más conmovedores de esa tarde, fue conocer a la abuela de nuestra compañera Ebbaba. Una mujer nómada que nos dedicó una agradable sonrisa mientras nos pedía que le cantásemos por turnos para amenizar la conversación. A cambio, recibimos su mirada con unos ojos que, al igual que su pasos, traspasaban fronteras.

Junto a la familia de Ebbaba, que ya es la nuestra, aprendimos a hacer té (o por lo menos lo intentamos), a ponernos la melfa y los turbantes y a bailar de la forma tradicional saharaui. Pero sobre todo reímos y valoramos el tiempo.

 

Cuando las horas más duras de calor habían pasado, bailamos todos juntos hasta el atardecer. En ese momento, tuvimos un momento agridulce porque nos teníamos que despedir de nuestros compañeros de RTVE. Agrio porque les decíamos hasta luego pero dulce porque nos sentíamos agradecidos de que hayan querido colaborar con el proyecto de Un Micro para el Sahara.

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Una vez en el campamento de Bojador, nos despedimos para pasar la noche con nuestras respectivas familias de acogida no sin antes valorar el día de conocimiento, unión y gozo del pueblo saharaui. Pero esto aún no se había terminado. Mañana tocaba volver a volcarnos en los proyectos de Un Micro Para el Sahara.

 

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